Cuando el fracaso parece ser un éxito (Parte 2)

Sabía que el artículo de hace dos semanas (si no lo leíste, puedes verlo aquí) me haría entrar en un terreno resbaladizo de percepciones y opiniones propias de la felicidad y su gran detonante la GRATITUD, un centenar de amigos criticaron positiva y constructivamente el acontecimiento hasta reclamaron más participación en los trazos olvidados de la historia (perdón, no puede ser tan larga) y otros nos dieron incluso excelentes sugerencias para el título (por qué no llamarlo "cuando el éxito parece un fracaso"?) . Sin embargo, hablemos de  las brechas que más le llamo la atención a la audiencia.

Vivir el Presente

En mi caso, me cuesta un mundo no obsesionarme con el futuro y con lo que tengo que hacer o con situaciones pasadas, este doble filo me hace más susceptible a no ser feliz. Créanme estos pensamientos que en la mayoría de las veces no tienen que ver con lo que estamos haciendo en el momento, nos absorben en un 99% del espacio del presente. ¿Qué hago yo para manejarlo?

1.     Fotografio el momento en mi mente. Tal cual cámara digital salgo a la calle y aprecio una cosa que no haya visto antes y empiezo a detallarla. Una vez me pasó con un carro antiguo, apreciando su color, su ruido con el motor, su tapicería que pude tocar. Más tarde, en la noche, pude recordar bien la situación e imaginar algunas cosas personales con el carro. ¿De qué me sirve este ejercicio? Te ayuda a entrenar la atención plena y la apreciación profunda, este consejo suena simple porque lo es, pero simple no significa fácil, algunas de las cosas más simples son difíciles, porque hemos perdido nuestra capacidad de asombro y de sorprendernos como los niños.

2.     Camino y tomo conciencia. Me gusta como resultado de celebrar y conectarme con mi presente, poder caminar descalzo por cualquier sitio donde pueda y sentir la temperatura, la presión en los pies, la forma del piso y muchas veces su sensación ante la planta de mis pies. Este ejercicio me ayuda a pensar que puedo caminar, tengo mis piernas, mis ojos y los brazos, los cuales me permiten balancearme sin problemas y así logro agradecer que tengo salud para valorar esto.

3.     Hago lo inesperado. Nuestro cerebro primitivo está adaptado para la sobrevivencia por eso no está acondicionado a las experiencias que nos producen felicidad; atascándose en el miedo, autoprotección, rechazo, exclusión, desconfianza y negatividad. Por ende, el placer y la alegría no son prioridad para nosotros. No obstante y a pesar de la programación de supervivencia, practico lo inesperado para romper las respuestas autómatas y permitir ASOMBRARME por lo ordinario y en la práctica puedo: escuchar nueva música, comer algo diferente, ir a un lugar inhóspito o simplemente sorprender a algún extraño con un gesto de misericordia o humanidad.

Felicidad condicional e incondicional

¿Recuerdas la película "El Club de la Pelea"? Hay una escena notable, cuando Brad Pitt entra en una tienda y saca al EMPLEADO a un callejón y con una pistola apuntándole, pregunta: ¿Qué es lo que realmente quieres para tu vida?... El EMPLEADO contesta: “Ser veterinario” y entonces Brad Pitt le dice que si no se inscribe en la universidad y hace lo que realmente quiere, volverá en unos meses para matarlo.

Cuando EL EMPLEADO sale corriendo el compañero de Brad Pitt le reclama ¿por qué lo que hizo?, la respuesta fue: "Mañana será el día más hermoso en la vida de ese señor (empleado). Su desayuno sabrá más delicioso que la mejor comida que haya probado nunca".

Y si te pusieran a ti una pistola en la cabeza...
¿Qué dirías que quieres ser?

Recientemente esa misma pregunta me la hice cuando venía conduciendo en la autopista acompañado con dos 2 buenos amigos y mentores: JESUS ALBERTO ORTEGA Y NELSON JOVANDARIC y un carro nos adelantó precipitadamente a una velocidad vertiginosa, volcándose  a milímetros delante de nosotros, expidiendo sus cauchos por el aire y casi impactando con nuestro carro. En ese momento, sentí la pistola de esa escena de la película "El Club de la Pelea". El camino se me hizo más sensible y agradecí condicionalmente por haber sobrevivido.

Al terminar ese día, reflexioné que ese agradecimiento fue dado condicionalmente Por Lo Que No Fue o Lo Que Pudo Ser,  es fácil ser agradecido en la enfermedad, en la desesperanza, en la tragedia y en el fracaso, en esos momentos llamados QUIEBRES, pero es más simple, sencillo y honesto,  ser agradecido incondicionalmente siempre ante la vida.

Por último, pero no menos importante comencé recientemente mi diario de gratitud, registrando mis notas de agradecimiento, mis sensaciones, mis aventuras, mis anhelos y las experiencias que me hacen sentir aún más feliz.

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