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Los milagros solo existen para gente “ordinaria”

Ruliena Piñate

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Está claro que el título puede sonar contradictorio o polemizar a todos nuestros lectores, no lo hago para argumentar este tipo de posturas y desencuentros, lo hago para promover una discusión filosófica de las cosas que noto alrededor mío y sus efectos en relación a la vida que intento llevar en medio de mis propias imperfecciones como todo ser humano.

Me pregunto: ¿Qué sucedería si los milagros son parte diaria de nosotros y no los interiorizamos? ¿Cómo asumiríamos el hecho de no categorizarlos a la suerte, coincidencia, casualidad, estilo de vida, destino? ¿Qué pasaría si descubrimos que lo “sobrenatural” muchas veces es más la regla que la excepción?

Todas estas preguntas y reflexiones me vienen a través de la historia de mi gran AMIGO cuando, durante la llegada de mi segundo BEBÉ, en ese período de MADRE, intenso, precioso, sensible, reflexivo; recibo la noticia por WhatsApp de que su esposa tuvo una BEBÉ, pero que lamentablemente tenía 24 semanas y solo 600 grs. WOW! Qué duro. Los médicos no daban ninguna esperanza de nada y solo dijeron que tenían que ir viendo su evolución diariamente.

Nadie podía dar esperanzas y nadie está preparado para esa noticia, las semanas fueron difíciles para mi amigo. Podía entender como MAMÁ la frustración, impotencia y dolor, “pues yo sí podía tener a mi recién nacido en mis brazos”, mientras que mi amigo y su esposa debían dejar a diario a su princesa sola en el hospital sin saber si al día siguiente moriría por las estadísticas, causas del destino, una falta de milagros o cualquier otra conjetura.

Ellos debían continuar con la vida aún cuando lo que imagino que querían sería detener el resto de las cosas y poder estar con ella alentándola a vivir.

Cada vez que tenía alguna noticia de ellos no podía dejar de pensar lo importante de no dar nada por sentado de aprender a vivir el día a día sin intentar tratar de vivir todas las cosas al mismo tiempo: las penas, las alegrías, las tristezas, la felicidad y el amor. De disfrutar a plenitud cada detalle de estas pequeñas inmensas bendiciones.

En el día número 85, su mamá finalmente recibió a su bebé… Una espectacular foto en instagram nos dio la maravillosa noticia de que ya estaban en casa. La llamaron Milagros (sin comentarios!!!).

Tenía claro que no hubo UN milagro, sino ¡85 diarios! Tenía muy claro que hasta los llantos a media noche de nuestros bebés conforman un maravilloso milagro que nos confirma que están vivos y presentes con nosotros.

A través de esta historia me confirmo que los milagros pasan a diario, le pasan a todos, nos pasan tan veloces como lentos, tan espirituales y reflexivos, tan únicos y siempre REPETIBLES. Porque son parte de la esencia que llevamos en nuestro corazón, si estamos dispuestos a verlos.

Ah, y sin ánimos de polémicas; perdonen mi alboroto reflexivo dedicado a MILAGROS y a sus papás tan llenos de FE, mis amigos, por tan buena lección que aún sigo intentando aprender diariamente.

Ruly