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Un viaje ligero de equipaje

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Un viaje ligero de equipaje

Simon Rausseo

Me encontraba frente al mostrador de la línea aérea, tarde era muy tarde, el vuelo había ya salido, mi puntualidad falló por un App de moda que organizó mal mis horarios de vuelos. Como destino final tenía la ciudad de Miami, con conexión previa en Panamá. Con la premura de llegar a mi destino final, pregunté varias veces ¿hay alguna solución? ¿Sale hoy otro vuelo? ¿Puede conectarme a mi destino final?, la mayoría de las respuestas eran: NO, NO y NO. Adicionalmente el boleto tenía un cambio inesperado de último minuto que obligaba a la línea a solo embarcar la maleta hasta Panamá y yo tener que hacer la aduana para buscarla y reingresar al aeropuerto.

La solución más o menos optimista era: “Señor lo podemos embarcar en un vuelo a Panamá, pero llegaría a las 5:20 PM y el embarque al vuelo de Miami se estima a las 5:30 PM a Miami. ¡Nunca nadie va a poder abordar en solo 10 minutos, teniendo que pasar la aduana y re-embarcando para su salida a Miami!”

Pedí hablar con el supervisor para escuchar su opinión más objetiva, más sincera o alguna sugerencia, porque me gusta siempre que alguien que acumula mucha experiencia me confirme lo que siempre he sospechado: que la vida le pasa factura a los indecisos o los miedosos.

Cuando llego el supervisor le dije: “Perdone, solo tengo 10 minutos para hacer algo que nadie ha hecho”, enseguida él exclamo  ¿Qué cosa?, a lo que respondí: “esperar que los sucesos vengan a mi vida en vez de adelantarme o tomar hoy la iniciativa, solo me queda CORRER EN UN AEROPUERTO, y espero que usted, con su experiencia, pueda darme alguna idea que me pueda ser útil para hacer lo que aparentemente es un imposible.

Con una sonrisa, no sé si por lo extraño de mi planteamiento o porque pensaba que estaba loco por el poco tiempo, preparó mi maleta con una etiqueta priority para poder sacarla primero en el carrusel de la aduana, me embarcó en el siguiente vuelo en las filas delanteras y como una especie de ritual de buena suerte me dio la mano y dijo “intente que los sucesos no se adelanten de nuevo”.

Cuando bajé del avión a la primera conexión, efectivamente quedaban 10 minutos, la angustia de no llegar y la vergüenza se habían ido por el desagüe, casi todas las cosas inesperadas, divertidas, las oportunidades y los encuentros insospechados corrían junto a mí, dándome cuenta y sintiendo como la vida fluye y lo transforma todo cuando no nos atrincheramos en la indecisión y el miedo.

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Corría, corría y corría  y dejaba atrás “la infinita capacidad de nosotros de hacernos infeliz” haciéndonos  juicios, presunciones, y construir laboriosamente respuestas artificiales, rígidas, para evitar a que nos arriesguemos e incluso a no aceptar hasta el fracaso.

Seguía corriendo y comenzaba a sentirme ligero de equipaje, atrás quedaban todos los números de puertas del aeropuerto, aduanas, personal de atención de la línea aérea, procesos, miedos, estereotipos y comenzaba a dejar aun más atrás la importancia exagerada a la equivocación y al rechazo, y usarlos para protegerme con ellos como excusas normales.


Finalmente llegué al avión que me conectaba a mi destino final, sin maleta, sin 10 kilos de peso emocional, sin miedo al fracaso, sin distinción de esos escasos 10 minutos. Por supuesto había saboreado obstáculos pero tenía una sensación de tranquilidad fenomenal.

Al final de nuestros días nos arrepentiremos más por lo que no hemos hecho, que por lo que sí nos atrevimos hacer.

Aunque salga mal, entonces inténtalo
— Simón Rausseo

Dedicado a todos los venezolanos que están intentándolo, bien sea corriendo, atreviéndose, cambiando su espacio, superando el miedo y viviendo tantas emociones en este nuevo viaje..

PD: la maleta apareció al 4to día, pero esa es otra historia… 


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